El pasado viernes 21 de agosto, la Casa de la Miel, en Corconte (Campoo de Yuso), acogió la proyección del documental ‘Atlas oculto’, de la artista visual Anne-Laure Boyer. Casi medio centenar de personas acudieron a la cita para ver cómo la directora francesa ha recuperado y preservado en formato audiovisual la memoria de algunos de los pueblos que perecieron bajo el agua con la construcción de presas hidráulicas por todo el Estado.
La película documental es el resultado de un largo proceso de investigación que dio su primer paso hace 16 años y tan solo una parte del mismo. También verá la luz un libro titulado ‘Atlas’ en el que Boyer recopilará historias de otros territorios afectados por la construcción de embalses más allá de Riaño y Yesa, que son los que de forma principal narra ‘Atlas oculto’.
Durante el visionado, casi a orillas del embalse del Ebro, más de 40 personas pudieron asistir a imágenes de archivo del NO-DO, a imágenes que mostraban la destrucción de los pueblos que mas tarde quedarían anegados, a imágenes de las protestas que en su momento trataron de impedir que esos lugares en los que tantas familias hacían y tenían sus vidas desaparecieran bajo el agua. Emoción, gestos de melancolía, de impotencia, de indignación llenaron la sala durante los 43 minutos que dura la cinta.
Anne-Laure Boyer contó al público que la investigación que ha dado lugar a este documental comenzó hace 16 años. Fue en Francia, con los proyectos de revitalización de los barrios periféricos que expulsaron a la población obrera y migrante, tras los que Boyer quiso recuperar objetos, imágenes y relatos sobre lo que había antes y sobre unos proyectos que sirvieron, en esencia, para enriquecer a empresas de la construcción y gentrificar la zona, cuando la artista empezó a trabajar en torno a la memoria.
Con su trayectoria y su enfoque artístico, Boyer contribuye a algo en lo que Fundación PEM lleva años incidiendo: recuperar la memoria. La directora francesa conoce y ha podido constatar la importancia de transformar el imaginario en torno a cómo deben plantearse los proyectos públicos que afectan a las comunidades y de generar conciencia sobre «la historia traumática del territorio», y reconoce que, en su recorrido artístico, ha podido percibir los resultados de su trabajo en ese sentido. Explica, además, otra observación: «la transmisión de la memoria traumática resulta más fácil entre nietos y abuelos que de padres a hijos».
Iglesia, barca, campanario, llave, cruz, cementerio, colonización, diluvio, agua… son algunas de las palabras que Boyer ofreció a las y los asistentes para que pudieran analizarlas, lanzar ideas y compartir los recuerdos que les surgieran al leerlas. «La historia es muy sencilla y muy complicada a la vez», decía un hombre del público. «Resultó de gran baratura», comentó otra vecina de Campoo de Yuso recordando el abaratamiento de los costes del proyecto mediante el uso de mano de obra esclava de presos políticos. Una amplia conversación entre el público y la directora dio lugar a la rememoración, a la reivindicación de ideas y a
Anne-Laure Boyer cerró el encuentro constando una anécdota: la confederación del Duero sigue conservando las llaves de las casas que se destruyeron. «Pedí verlas y me lo negaron, y me pregunto qué significado tiene conservar estas llaves. De hecho, hay gente afectada por los pantanos que todavía guarda la llave de su casa a pesar de que ya no existe», relataba. Según contaba Boyer, en Riaño, 32 años después del dinamitado de la Iglesia en el antiguo pueblo, hubo un Guardia Civil que volvió para entregar al pueblo la llave de la Iglesia. En su momento, él tuvo que guardar la llave para vigilar los entornos y acabó llevándosela sin saber a quién dársela. Durante todos esos años tuvo la sensación de estar custodiando un tesoro. Un día, entró a una misa y devolvió la llave avergonzado. Y las vecinas y vecinos del nuevo Riaño «se sintieron muy agradecidas».



