• Fundación PEM organizó un encuentro técnico en Reinosa para hablar de despoblación, ruralidad, gobernanza y cuidados comunitarios.
  • 12 personas pusieron a disposición su tiempo para reflexionar desde diferentes áreas deconocimiento.
  • El proyecto Campoo nos cuida inicia se segundo año de desarrollo con el apoyo de la Fundación la Caixa.

Reinosa, y Cantabria casi entera, amanecía fría y seca el viernes. «Ha llegado el otoño de golpe», decía una vecina del municipio en la puerta de una de las panaderías de la calle Mayor. La calefacción del Teatro Principal estaba averiada porque «llevamos meses pidiéndolo, pero no ha habido manera», decía un trabajador de la sala. Aún así, el salón previsto para la interpretación sirvió de refugio para las 40 personas que acudieron al encuentro organizado por Fundación PEM y en el escenario hubo de todo menos ficción.

Antes de las 10 de la mañana, Ramón Gelabert, Coordinador Territorial de Fundación PEM, daba la bienvenida al público y a todas las personas que iban a ofrecer una ponencia y comenzaba el encuentro técnico sobre despoblación y cuidados comunitarios planteado en el seno territorial del proyecto Campoo nos cuida, que emprende su segundo año de desarrollo gracias al apoyo de Fundación la Caixa. Sergio Balbotín, alcalde de Reinosa, y Beatriz de la Pinta, concejala de Cultura, Dinamización y Servicios Sociales del mismo ayuntamiento, quisieron acoger la propuesta con unas palabras al comienzo del evento: «Estas jornadas son importantes para escucharnos y poner cosas en común. Las instituciones tienen que estar cerca de las personas y la desgracia de la muerde de Maricarmen es un síntoma de que eso no está sucediendo», reflexionó el jefe del ejecutivo reinosano.

— Beatriz de la Pinta, Sergio Balbontín y Ramón Gelabert.

En el primer bloque del encuentro, que proponía varias ponencias marco, Fernando Collantes, catedrático de Historia e Instituciones Económicas en la Universidad de Oviedo que ha investigado en profundidad el desarrollo rural y la despoblación, ofreció un recorrido histórico con el que lazó preguntas y reflexiones diversas. ¿Despoblación como fracaso colectivo? «Hay que asumir que la despoblación hay que gestionarla, no revertirla. No es tan importante aumentar el número de habitantes como garantizar la calidad de vida de quienes viven ahí ya», explicaba, y reconocía un error clave: «Tanto quienes pedían subvenciones agrarias como quienes hablábamos más de otros sectores teníamos algo en común: poníamos el foco en el empleo. Gran parte de la población es mayor y lo que hay que abordar son los cuidados». Decía que es fundamental y urgentesalir del arraigado pensamiento edadista que presume inoperancia, inactividad y carga social en las personas mayores, y empezar a considerar la importancia de todas las otras maneras en que la población mayor aporta socialmente. «Son el principal recurso endógeno», recordaba el historiador.

Mónica Ramos Toro, Coordinadora Técnica del Grupo Social UNATE, quiso fijar la mirada en un elemento clave para poder abordar los cuidados comunitarios: qué entendemos por cuidados en la sociedad de la longevidad. «Nos estamos quedando cortas si abordamos los cuidados solo hacia la población en situación de dependencia y con discapacidad», decía, y explicaba con detenimiento que generar pueblos que pongan los cuidados en el centro pasa por entender los cuidados de manera amplia, que un municipio que cuida va más allá de la perspectiva individualista del abordaje de las necesidades colectivas y entiende que «los cuidados no pueden estar asociados solo a la dependencia y la discapacidad» y que «las políticas tendrían que adaptarse a las necesidades de la población y no al revés».

Y en la misma mesa de conversación, María Montesino, socióloga e investigadora parte del proyecto La Ortiga Colectiva, añadía varias piezas extraordinarias al puzzle de los cuidados comunitarios: tener en cuenta la ecodependencia, tejer comunidades cohesionadas, volver a hablar de lo que desean las personas, recuperar los saberes campesinos, poner en valor los servicios públicos como elemento clave para articular los cuidados colectivos, proteger en común el territorio de macroproyectos, como los eólicos, que destruyen el terreno y precarias las vidas de las vecinas y vecinos, trabajar y defender la soberanía del tiempo y de la alegría para poder elegir cómo queremos vivir.

”Las políticas públicas deberían adaptarse a las necesidades de la población y no al revés

Mónica Ramos Toro

La mañana iba cediendo el paso al mediodía y las personas asistentes pudieron compartir un rato de diálogo informal entre ellas y con las ponentes al calor de una taza de café. Decenas de manos sumergían trozos de bizcocho de limón en leche tibia mientras las conversaciones se sucedían de forma orgánica, casi amistosa.

Elsa Herrero, quien coordina el más pionero de los Centros Comunitarios Multiservicios impulsados por la Fundación PEM en Cantabria recién nombrado mejor práctica en el ámbito rural a nivel estatal, rompió el silencio en el segundo bloque, sobre gobernanza rural en el sentido más amplio. Aunque relatar en público, desde lo alto de un escenario, no es su papel habitual («cuido mejor que hablo», decía con una risa en la punta de los labios), introdujo con agilidad uno de los mensajes que el Grupo Social UNATE lleva años elaborando: «El Centro Comunitario Las nieves es un espacio seguro y de cuidados al que la gente de la zona va a estar, a hacer y a ser, porque nuestro trabajo consiste en que las personas mayores puedan seguir disfrutando y añadiendo vida a los años».

”El transporte rural no se mide por los viajeros que lleva, sino por las personas que permite quedarse

José Luis Moura

El Centro Comunitario que coordina, situado en La Población, en Campoo de Yuso -una comarca de 680 habitantes-, cuenta con 120 personas registradas y por él pasan casi 60 personas cada la semana. Además de haber logrado la coordinación de un medio de transporte específico que acerca a personas de los 14 municipios diariamente hasta el centro, la existencia del espacio común ha generado un impacto social notable: Elsa Herrero tiene claro que Las Nieves «combate el aislamiento, hace que las personas que participan tengan menos sensación de soledad, logra que sientan que tienen capacidad de decisión, y teje redes cada día». «Y eso es gracias a la dinamización estable del espacio, que crea, sostiene y cuida los vínculos con las personas».

Compartieron mesa con ella otras experiencias: Esther Gómez, alcaldesa del Valle de Villaverde, donde Fundación PEM también dinamiza otro centro comunitario, recordó la idoneidad de ese tipo de espacios: «El centro comunitario La Amistad es un regalo para el pueblo y su punto clave es que las personas pueden decidir cómo quieren vivir su vida a través de un proceso de co-creación». El Doctor en Derecho por la Universidad de Burgos, José Manuel Cantera, hizo una reflexión en torno a las propuestas mancomunadas: «Hay que dejar de pensar en las mancomunidades como meras ejecutoras y empezar a verlas como un instrumento estratégico de transformación del territorio de acuerdo a las necesidades del propio lugar». José Luis Moura, ingeniero e investigador, quiso incidir en la importancia del transporte con una muestra visual de la configuración del transporte público en Cantabria. Inició su intervención con una pregunta: ¿Cómo llega al médico una persona de 80 años que no conduce y vive a 25km? «En Cantabria hay 10 municipios sin servicio regular de transporte público», recordaba. «Las conexiones son aisladas y el servicio está cada vez más degradado». Pero traía claves para romper lo que llamó el «círculo vicioso del transporte rural»: garantizar el servicio como un derecho y no por rentabilidad, con transporte a demanda donde las líneas no llegan, con más frecuencia para aumentar viajeros y con una tarifa integrada y transbordos coordinados. «El transporte rural no se mide por los viajeros que lleva, sino por las personas que permite quedarse», concluyó razonando la necesidad de enfocar la articulación de la red de transporte público desde una lógica social. La vivienda también tuvo espacio en la conversación a través de la voz del alcalde de Paredes de Nava, Luis Antonio Calderón, quien aseguraba haber «movilizado 150 viviendas del pueblo que estaban vacías a través de un mecanismo que facilita a gestión para quienes quieren venir a vivir al pueblo».

”Salir de la ciudad, pues, no es alejarse bucólicamente de los ruidos y las molestias, no es irse a vivir al campo, es irse a vivir en minoría

Baptiste Morizat

Situar sobre la mesa de debate cuestiones como la despoblación, la ruralidad y los cuidados no es tarea fácil, aunque en Cantabria resulta esencial abordar esos temas. Requiere tiempo para reposar las ideas y espacios dinámicos que movilicen las reflexiones a través de la conversación distendida. Para ello, Fundación PEM ofreció una comida colectiva antes de cerrar el encuentro con el tercer bloque temático, centrado en conocer experiencias de cuidados en el ámbito rural ya puestas en marcha y con trayectoria.

Gustavo García es -y fue el jueves también- una voz contante y sonante en torno a la cuestión de la dependencia, la innovación en soluciones al respecto en el ámbito rural y los marcos legislativos que las rodean. «No hay un medio rural sino medios rurales, y no hay una sola solución sino que las soluciones hay que inventarlas en cada sitio», avanzaba al comienzo de su ponencia. Contaba que en su trayectoria como trabajador social y como «militante» había descubierto y reconocido que existe potencial para la reivindicación común incluso entre personas de pensamientos políticos diversos: «El terreno, lo material, lo próximo a veces une más que el mundo de las ideas», y que había logrado articular algunas alternativas centrándose en las necesidades concretas de las personas. Es eso, la proximidad explicaba que es primordial: «Cualquier alternativa que haya que generar para que una persona se quede en su pueblo tiene que darse en el mismo pueblo, cerca de familiares, comercios, bares y servicios públicos». «Que una persona de 85-90 años tenga que irse de su pueblo cuando necesita ser cuidada por estar en situación de dependencia es de una crueldad que se podría evitar», apuntaba con vehemencia. «Y basta ya de ofrecer transporte a las personas mayores solo para ir al médico. ¿Para qué quiero tener salud y no disfrutarla?»

La Fundación Santa María la Real, entidad con sede en la vecina Aguilar de Campoo, a través de su responsable Marta Prieto, explicó cómo se está demostrando que pueden ser varias las metodologías de intervención en el medio rural, pero que todas ellas deben considerar el acompañamiento de personal técnico especializado que permita construir vínculos con las personas, así como la importancia de la evaluación como mecanismo de mejora continua. Nemesio Rasillo, de la cooperativa de cohousing senior Brisa del Cantábrico, también recordaba la demanda básica de la participación activa: «No quiero ser un espectador de mi vida, quiero ser partícipe». Y las compañeras de la Asociación de Las Rozas de Valdearroyo, así como Ramón Gelabert en el cierre de la jornada, anotaron lo que el contexto está poniendo ya delante de los ojos como una exigencia: la unión. «Donde hay unión, hay ruido. Asociarse facilita la articulación de alternativas», decía una vecina de Las Rozas. «Entre las entidades del tercer sector tenemos que unir fuerzas para que la voz de los pueblos suene al unísono», concluyó el Coordinador Territorial de Fundación PEM.