El Besaya no llega, el Híjar lo intenta sin éxito y el Izarilla le hace casi de contorno al pueblo, lo bordea sin mucho miramiento. El pozo El Cueto no consigue colindar con ninguna de sus calles y no estaría de más instalar alguna que otra fuente. Y, sin embargo, la conversación en Matamorosa fluye como el más caudaloso de los ríos.

No se observa mucha gente, pero el pueblo parece estar vivo, la comarca entera resuena entre la punta oeste del embalse del Ebro, el picu La Muela y los micrófonos de Radio Merindad de Campoo. El consultorio médico en Matamorosa tiene dos puertas: una para curar los dolores cotidianos, otra para sanar la desinformación. En la segunda planta del edificio, Raúl González y Mon Fernández se asoman a Campoo con la ventana siempre abierta.

Es fresca pero soleada la mañana en la que Cristina del Río, de la Asociación de Mujeres TEDA, Emma Rodríguez, presidenta de la Asociación de Mujeres de Cervatos, Sara Lamo, técnica de ACPP Cantabria, y Angelines Balbás, que preside la Asociación de Mujeres de Requejo, se encuentran en una tertulia en el espacio que Fundación PEM, con la financiación de Fundación la Caixa, tiene cada dos martes en esta radio local.

Visibilizar los cuidados, tejer redes de apoyo

Empiezan definiendo entre todas lo que son los cuidados: definiciones más técnicas, enumeración infinita de tareas que durante décadas han realizado y observado en sus propias casas y fuera de ellas y que son las que dan contenido tangible a los conceptos abstractos… y, en la reiteración necesaria de que históricamente las tareas de cuidados, la sostenibilidad de la vida, ha recaído siempre sobre las mujeres, una alianza solidaria: Emma Rodríguez cuenta que los tres primeros jueves de junio las mujeres de Cervatos van a desarrollar un proyecto con mujeres palestinas en el que aprenderán a hacer bordados palestinos, asistirán a una representación teatral por parte de las compañeras palestinas y más tarde compartirán con las asociaciones de Campoo.

«Es muy importante visibilizar la cultura de cuidados», explica Angelines Balbás, que incide en la necesidad no solo de poner en valor las tareas de cuidados sino también insistir en que se amplíe cada vez más el acceso a recursos de calidad, sobre todo en las zonas rurales, que resisten más desprovistas de ellos.

Desde ACPP y TEDA, a través del proyecto Despertando la cultura de cuidados en Campoo los Valles, han podido generar y espacios de encuentro con jóvenes de entre 18 y 30 años para poner sobre la mesa sus reflexiones en torno a los cuidados y rescatar algunas de sus necesidades. «Estamos en un territorio en el que para los jóvenes no hay servicios, no hay opciones de ocio… y salieron ideas muy bonitas, se empezó a generar esa idea de que en sus manos también está empezar a cuidar a los demás y a sí mismo e intentar ayudar al entorno», apunta Cristina del Río (TEDA).

¿Las ciudades deshumanizan, generan desvinculación con el territorio, con los cuidados, con las personas mayores? ¿Es más fácil sostener la conexión intergeneracional en el ámbito rural? En los pueblos, dice Angelines Balbás, los jóvenes conviven todo el tiempo con el resto de los habitantes, «y no solo con sus abuelos, sino con los mayores del pueblo», aunque, recuerda, «cada vez vivimos más encerrados en nuestra casa, pero cuando se proponen actividades de convivencia se enriquecen los unos con los otros. Yo veo una juventud animada y activa, ahora está costando más activar a las personas de mediana edad».

La comunidad sostiene la vida en los pueblos

Los Centros Comunitarios, como los que Fundación PEM dinamiza en Campoo de Yuso, el Valle de Villaverde o Los Tojos, resultan indispensables para promover la participación que preserva vivos a los pueblos. «Es fundamental contar con infraestructura y recursos», insiste Balbás. Para fomentar la actividad, para revertir la despoblación, para sostener y cuidar el territorio. «En ausencia de servicios -reivindica Sara Lamo (ACPP)-, la comunidad es la que hace red y es la que hace fuerza para que haya más servicios».

¿Somos optimistas?, pregunta el director del programa, «siempre que hablamos del medio rural empezamos a asociarlo todo con despoblación, con éxodo de los jóvenes, con pérdida de oportunidades, con escasa inversión… pero habrá que buscar alguna veta de optimismo». La técnica de ACPP apunta que «estamos ante un regreso masivo a los pueblos, la gente quiere ir a vivir a un pueblo porque se está volviendo también insoportable el tema de la vivienda, y tenemos que aprovechar esta oportunidad para hacer atractivos los pueblos, ser creativos y fijar población». Emma Rodríguez es una de esas personas que, tras haberse marchado de su pueblo de nacimiento, Cervatos, volvió hace unos años para hacer su vida allí.

Los viajes de después de fregar

La labor de aquellas entidades y pequeñas asociaciones que trabajan para hacer incidencia social y transformar desde diferentes ámbitos y áreas de conocimiento y de acción los imaginarios en torno a los derechos sociales es fundamental. Así lo considera Balbás, que anima a las oyentes a participar. Y no duda en lanzar un mensaje a las instituciones: «Lamentablemente, hay mucha corrupción entre quienes manejan los caudales. Se dedican muchos millones, [por ejemplo] al estudio de tal y tal y luego no sirve para nada, porque cuando acaban el estudio la realidad ya no es esa, se acaban los cuatro años de mandato legislativo y no ha llegado nada», y pide a las administraciones, que «saben que el dinero que meten en estos [proyectos] se multiplica, y es muy poco para el bien que hacen», no «bajar la guardia». Sara Lamo añade: «La cooperación es siempre la partida que puede estar sujeta a cambios, que se puede dejar para última hora. Y hay que poner en valor el trabajo que se hace [en este sector], que es mucho, mucho, mucho».

En el café posterior a la charla, Balbás y Emma recuerdan, entre chascarrillos que suavizan el coraje pero no lo coartan, lo que ellas llamaban «los viajes de después de fregar», y queda libre y liberada la interpretación. Caminando hacia una cultura de cuidados en la que la corresponsabilidad vertebre la sostenibilidad de la vida, quizá ni Angelines, ni Emma, ni ninguna mujer tenga que renunciar a partes emocionantes de su vida por hacer que baje el volumen de trabajo sobre el fregadero.

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