A orillas del embalse del Ebro, en Campoo de Yuso, un pequeño centro blanco de contorno pedregoso hace comunitaria la vida. Decenas de personas mayores de muchos municipios de la zona participan en actividades propuestas por la dinamizadora del espacio y también impulsan de forma autónoma sus ideas. A través de la ventana del edificio se puede ver el agua que cubre lo que antaño fueron posiblemente otras comunidades, pero la vista no llega hasta los eólicos que hoy comienzan a ocupar el Puerto del Escudo. Es como muchas otras cosas que no se pueden observar con facilidad pero que ahí están para rodear y acotar la existencia.
Más al sur, por Nestares, un territorio forestal liberado, salvaje, autónomo, hermoso podría descansar entre el Ebro y el Híjar. Lo hace, en su lugar, un campo de golf. Si de algo saben las gentes que habitan los territorios rurales de Cantabria es de defender el territorio. También, que una voz hace sonido, que varias voces hacen bullicio, y que muchas voces organizadas construyen imaginarios y discursos y transforman realidades. Y el lunes 9 de marzo quisieron celebrar conjuntamente esa noción compartida de la importancia que tiene para ellas y ellos sostener la comunidad y mantener vivos los pueblos.
En pleno mes de marzo y al calor del Día Internacional de la Mujer Trabajadora (8M), que conmemora a las más de cien trabajadoras del textil de Nueva York que, a principios del siglo XX, fueron asesinadas durante protestas que exigían mejores condiciones laborales, UNATE y la Fundación PEM, a través de su alianza Grupo Social UNATE han impulsado, por quinto año consecutivo, un encuentro de mujeres en el sur de Cantabria, poniendo en valor la organización colectiva de las mujeres en los territorios rurales, los cuidados comunitarios y el tejido de redes intergeneracionales.
El restaurante del Club de Golf de Nestares acogió el encuentro en el que mujeres de hasta 8 municipios del sur de Cantabria —Arenas de Iguña, Anievas, Reinosa de Santiurde, San Miguel de Aguayo, Campoo de Enmedio, Campoo de Yuso, Las Rozas de Valdearroyo, Valdeolea— y el más lejano Puente Viesgo pusieron en común ideas, experiencias y reflexiones sobre las opresiones que a lo largo de su vida las han atravesado: como mujeres, como mujeres rurales, como mujeres mayores. Hubo lugar para que resonaran casi todas las voces, casi todas las perspectivas. «Yo me considero una mujer trabajadora, y no he trabajado fuera de casa. Pero he sido ama de casa, he sido cuidadora de mis padres, de mi suegra, de mis hijos, he sido administradora de la casa, enfermera, pediatra…», explicaba Antonia, de Las Rozas de Valdearroyo, en un vídeo elaborado por mujeres de varios municipios del sur con la coordinación de Patricia Hernández, técnica de Fundación PEM, que todas las asistentes y protagonistas pudieron visionar.
Sonaban las voces en off del vídeo, también el potente acercamiento en Valles Pasiegos a la figura de Ameliuca, la primera mujer entrenadora, natural de Puente Viesgo en la voz de Beatriz Cea, técnica de UNATE que habló para sortear la vergüenza de otras mujeres, el trasiego de vasos y platos… y, en medio de todo, conversaciones de a tres, de a cuatro, de a cinco.Trayectorias de vida de decenas de mujeres rurales que, entre risas, refranes y gestos cercanos, rememoraban su realidad en los pueblos y lanzaban contundentes ideas formadas con las grietas de sus manos trabajadoras.
La vida, antes, tenía otro ritmo. Y, a diferencia de la ciudad, el pueblo conserva vestigios de aquel tiempo: «Hubo un tiempo en que tuve, a la vez, tres hijos y 120 vacas. He sido ganadera toda la vida y he hecho lo que me ha dado la gana. Siempre he creído más en el Matriarcado», decía con sorna una mujer de Mataporquera. «En quince días, han cerrado las dos únicas carnicerías de mi pueblo. Ya no hay ni panadería. La verdad es que estamos un poco aisladas en ese sentido. No hay relevo», lamentaba otra mujer.
Gracias a la colaboración del Ayuntamiento de Campoo de Enmedio, el encuentro contó con un cierre musical de la mano de Rosana Garín. Bailaron, rieron y siguieron compartiendo anécdotas y experiencias extraídas de sus vidas pasadas y también de las actividades que hoy desarrollan en cada uno de sus municipios de forma autónoma o a través de los diversos proyectos que lleva a cabo el Grupo Social UNATE en su apuesta por la incidencia social en el territorio. Cristina Bezanilla, coordinadora de Acción Territorial de UNATE, quiso incidir en una idea clave: “Las mujeres somos sostenedoras de muchas cosas y nos lo tenemos que creer, porque gracias a nuestro trabajo colectivo nuestros pueblos siguen vivos”.



