Por Pilar Chato Carral

“No tengo más preguntas, María”, dice Zhenya Popova en el vídeo en el que entrevista para Legado Cantabria a María Martina Múgica de la Mano. “Bueno, pues… C’est fini”, responde ella. El pasado 10 de noviembre, María Martina cumplió cien años y cincuenta días después falleció. Pero su vida ahora no es un recuerdo, es una herramienta colectiva, un testimonio preservado y compartido. Mientras terminan de resonar esos últimos instantes del vídeo resumen del trabajo en 2025 de este proyecto de la fundación PEM, decenas de teléfonos móviles graban el instante en una sala sobrecogida a medio camino entre la lágrima y la sonrisa. En esa loca paradoja en la que muchas de estas familias han conocido parte de su historia cuando sus padres, abuelos o tíos y tías, vecinos, se han sentado frente a la cámara del proyecto Legado Cantabria y, anclados en esa eterna tradición oral de contar las cosas, han abierto sus recuerdos en canal para crear esa memoria colectiva.

El proyecto Legado cumple este febrero cinco años y, como cada año desde que echó a andar, agradece en un acto público a las personas de más de 70 años que han entregado sus historias de vida y se han sumado a esta iniciativa que las custodia —una parte pública y otra para investigadores—. Y ya son 196. Este domingo en el Salón de Actos del Centro Botín, con la bahía en calma al fondo, 25 de las 38 personas que se sumaron el año pasado se unían para recibir el agradecimiento público. Porque, recordó Popova citando a José Saramago, “somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no podamos existir”. Y este domingo la Fundación PEM —que forma parte del Grupo Social UNATE—querían celebrar ambas cosas. La memoria y la responsabilidad de quienes entendieron que su aporte es fundamental para “no perdernos en el trayecto”  y demostrar que “lo que ocurre puertas adentro, en las cocinas, talleres y calles también forma parte de la historia de Cantabria y que “la vida cotidiana cuando se cuenta también hace historia”, defendió Popova.

“No me pregunten más… es que no te crees lo que te cuento”, dice el carpintero centenario Cipriano Camus Gutiérrez. “Que te puedo contar más si te he dicho de to’ más de lo que no te tenía que decir”, ríe ante la cámara Benedicta Prieto. En la sala, emoción y el silencio contenidos en la hora y media que dura el acto, con un buen puñado de familiares que se han quedado de pie desbordando el aforo—han llegado microbuses de Valle de Villaverde o de Campoo de Yuso—, con la presencia de alcaldes, alcaldesas y concejalas cercanas a esta memoria —Puente Viesgo, Valle de Villaverde, Comillas, Campoo de Yuso—, la directora general de Cultura y Patrimonio Histórico, Eva Guillermina Fernández, o la alcaldesa de Santander, Gema Igual, que pasa unos instantes para tomar la palabra y agradecer a los participantes y a la Fundación PEM, antes de acudir a los actos del aniversario del Estatuto de Autonomía de Cantabria que se celebraban de manera simultánea en el Parlamento, la institución; en esta sala, frente a la bahía, se celebraba el Legado, la Cantabria que construyen quienes la habitan.

Y, como ejemplo, quienes se sumaron a Legado el año pasado. Una amplia diversidad generacional con dos centenarias en el momento de contar su historia, dieciséis entre 90 y 99 años, diez entre 80 y 89, y otras diez entre 70 y 79 años. “No puede ser, se queda pasmado, pues es. Soy una vieja de cien años”, cuenta  en el vídeo María de los Ángeles González, una de estas centenarias. “Que te voy a decir, el paso atrás ni para coger impulso”, mira a cámara Araceli Olea y se ríe. En el acto, la palabra la tomó en nombre de todos César Vidal Pascual, de 75 años, que contó lo que participar en Legado le ha aportado personalmente en ese ejercicio de revisión de una vida y hasta bibliográfica, de recuperación de fotos y de recuerdos, y lo que como proyecto supone como reflexión y memoria. Aplausos y teléfonos móviles en alto, porque este pequeño acto de Fundación PEM es también ya parte de las memorias de quienes lo nutren. Y luego algún discurso —alguno espontáneo— y el barullo de mover a 25 personas, cuatro alcaldes y una directora general, el presidente de UNATE, Modesto Chato de los Bueys, y a parte del equipo de la Fundación para hacer entrega de los diplomas y unas flores, y organizarse para una foto de familia. Y vuelta a sus sitios y abrazos y besos a la familia. Y el momento de la calma. La música del acordeonista Gorka Hermosa puso el ambiente necesario para reflexionar sobre lo escuchado o, simplemente, para recordar. Una mujer comenta en susurros a su acompañante, “cuánto del abuelo quedó sin contar…”. “Bueno, a él no le gustaba mucho hablar… todo lo que sabemos era por las tías”. Tal vez con el delicado empuje de Legado hoy habrían rescatado esa historia.

“No hay más palabras por nuestra parte, sino el abrazo inmenso que os trasladamos desde el respeto y la admiración. Ninguna de nuestras vidas es perfecta pero todas son imprescindibles para entendernos y reconocernos”, lanza el coordinador del Grupo Social UNATE, Francisco Gómez Nadal. Y esas palabras están a resguardo en Legado Cantabria, en su web, en la Filmoteca. Porque como nos dice el centenario Luis Alonso Bolado desde la pantalla de Legado: “El vivir es una suerte, una fortuna. Pienso… que he tenido la suerte de llegar aquí”.