Una hora antes del comienzo las entradas estaban agotadas. A pesar de la lluvia, más de 200 personas acudieron a la Filmoteca de Cantabria Mario Camus el pasado viernes para conmemorar el 85 aniversario del brutal incendio que arrasó buena parte del centro de Santander en 1941 viendo por primera vez el documental La memoria no arde.
Risas, cuchicheos al oído que evocaban recuerdos propios, manos entrelazadas y algunas gafas empañadas por la emoción inundaron la sala durante los 32 minutos que dura la película. Allí estaban los protagonistas: muchas de las 17 personas que entregaron su memoria ante la cámara. También sus familiares, la organización del estreno y decenas de personas, habitantes de la ciudad, que quisieron conocer la perspectiva que ofrece un documental que no pretende reconstruir los hechos sino reparar en la memoria que perdura en aquellas personas que vivieron el suceso cuando eran niños y niñas.
17 personas mayores, 4 de ellas centenarias, se pusieron frente a la cámara de Txatxe Saceda para contarle a la ciudad de Santander y a toda Cantabria cómo recuerdan aquel enorme fuego que quemó mucho más que varias calles de la capital, y la productora bandonthebend lo ha ensamblado hermosamente con la música original de Nahúm Cobo del Barrio.
La pieza audiovisual, guionizada y dirigida por Zhenya Popova Tikhonova,coordinadora del proyecto Legado Cantabria, y Paco Gómez Nadal, gerente del Grupo Social UNATE, cuenta con el escaso soporte visual que existe de archivos como el de RTVE, el Centro de Documentación de la Imagen de Santander (CDIS) o el archivo Zubieta, y «no se trata de un documental sobre el incendio, sino sobre la memoria que perdura», explica Gómez Nadal. «No busca la verdad, sino que recoge aquello que quedó grabado en el recuerdo de las personas que siendo menores lo vivieron en primera persona». No trata de reconstruir los hechos ni investigar los datos, sino que el documental indaga en los recuerdos de quienes asistieron más o menos cerca a lo que ocurrió y reflexiona sobre la importancia que tiene recuperar la memoria oral de quienes habitan Cantabria para construir una historia colectiva. El documental se ha construido partiendo de las historias de vida entregadas por personas de 70 o más años al proyecto Legado Cantabria y ha contado con el apoyo del Ayuntamiento de Santander.
Con este segundo documental, en consonancia con el anterior La vida en voz alta, y en memoria de Alfredo Viadero González y de María Martina Múgica de la Mano, dos de las personas centenarias que aportan su testimonio y que han fallecido recientemente, Legado Cantabria y Fundación PEM buscan poner en valor el patrimonio oral de las personas mayores, recordar la trascendencia de la memoria y seguir celebrando el legado narrativo de la historia de Cantabria.
Tras el visionado en primicia del documental, se generó un breve coloquio en torno a lo que la pieza rescataba entre los creadores, las protagonistas y el público, dando lugar a reflexiones que fueron más allá de los recuerdos. Consecuencias silenciadas y «censuradas» en el relato oficial del incendio como el desplazamiento de la gente pobre hacia la periferia de Santander, el «complejo proceso de especulación inmobiliaria» y de reconstrucción de la ciudad que dio lugar a «lo que hoy conocemos como gentrificación», según recordaba Francisco Gómez Nadal, fueron algunas de las claves en las que se incidieron en la sala.
Y es que Legado Cantabria es mucho más que un proyecto audiovisual que recoge historias de vida. Es un proceso abierto de construcción histórica que insiste en reparar una y otra vez en la memoria oral de los y las protagonistas como herramienta clave para preservar la memoria colectiva, y que no duda en generar, a partir de esa memoria, debates diversos sobre las realidades que nos rodean. Desde su inicio hace cinco años, se han recogido y preservado las historias de 196 personas, sumando un total de 16.910 años de vida. «La memoria no se impone ni se acelera, se acompaña, y eso es lo que hemos intentado hacer desde Legado Cantabria», recordaba la coordinadora Zhenya Popova en uno de los últimos actos de celebración del proyecto.



