• El primer día de las Jornadas ‘(Dis)locaciones: retos mayores ante la convulsión tecnológica’ congrega a 9 expertas y unas 280 participantes —entre presenciales y digitales— en torno a 4 mesas de debate sobre tecnología y vejeces.
  • Mónica Ramos Toro, Francisco Gómez Nadal y María Cano crean una conversación colectiva entre Virginia Carcedo, Paula Kuffer, Santiago Alba Rico, Eulalia Pérez Sedeña, Irene Lebrusán, María del Carmen Barranco Avilés, Alba Taboada, Txetxu Austin y Feliciano Villar para abrir hilos de pensamiento crítico.
  • Continúa el encuentro con otra sesión de debate que pondrá el foco en reconocer las desigualdades y plantear posibilidades para unas tecnologías habitables.

Pasadas las 8:30 de la mañana, Carolina León apareció por la calle de las Peñuelas en Madrid con las llaves que abren la puerta del Ateneo La Maliciosa en la mano. El equipo de Fundación PEM, llegado desde Cantabria, contenía los nervios y la emoción en una conversación distendida mientras subía la persiana, y entró al Ateneo  para preparar el espacio. Cartela, programa de las Jornadas Dislocaciones en papel, dípticos, hojas de registro de participantes, «hacen falta folios», bolígrafos, luces y mesa de sonido, «¿abrimos el roll-up entre los dos?». Todo en orden, comenzaba el día y las participantes iban dándole color al lugar.

La vicepresidenta ejecutiva de las asociaciones Inserta Empleo e Inserta Innovación en Fundación ONCE, Virginia Carcedo Illera abrió el encuentro con una conferencia inaugural que mantuvo decenas de cabezas asintiendo durante una hora.

La tecnología puede ser algo que me ayuda y algo que me entorpece. Y eso genera una dislocación.

Virginia Carcedo Illera

«¿Qué podemos aprender de una época mirando los objetos cotidianos?». María Cano, pensadora, escritora y divulgadora especializada en filosofía de la ciencia, bioética y ética de la tecnología, abría la conversación haciendo a las ponentes reparar en los matices más pequeños. Y los ponentes eran dos personas que navegan desde la filosofía: Paula Kuffer y Santiago Alba Rico. Esta primera mesa apuntaba a la estructura, a la arquitectura profunda que habitamos, muchas veces, sin conocer sus cimientos. Cambios antropológicos condicionados por la actual «revolución tecnológica», aislamiento social en una sociedad profundamente individualista pero en la que lo que entendemos por ‘individuo’ se ha disuelto, materialidad alterada, memoria interrumpida, la promesa de un progreso que deja tierra y cuerpos quemados, tecnologías extractivistas no solo de los saberes sino, incluso, de lo físico… Un relato crítico del progreso compuesto a dos voces y que permite dudar con un marco suficientemente amplio y profundo.

Si Kuffer alerta sobre “la radicalización de la soledad y el aislamiento que te deja despojado de capacidad de acción, de pensamiento”, Alba Rico advierte de que “la IA puede hacerlo todo mejor que nosotros, excepto una cosa: morirse. La IA no se muere, y morirse es fundamental (…) El capitalismo nos ha prometido la inmortalidad y nos ha dado vejeces largas, difíciles y solitarias”.

Enlace al vídeo de la sesión de la mañana del 3 de junio – Dislocaciones 

La tecnología puede presentarse como una solución. Promete eficiencia, seguridad, accesibilidad, acompañamiento, autonomía. Pero la vida real no se parece al usuario ideal para el que se diseña la tecnología: un sujeto autónomo, estable, competente, conectado, disponible, sin limitaciones corporales o cognitivas y capaz de adaptarse al ritmo de cada nueva actualización. «La situacionalidad es importante», apuntaba la filósofa feminista Eulalia Pérez Sedeña, que recordaba el contexto de «imperativo tecnológico» en el que vivimos: «Ante cualquier problema, hay una solución tecnológica. ¿Y por qué las soluciones tienen que pasar siempre por la tecnología? Estamos dando soluciones tecnológicas a problemas que son políticos, económicos, sociales». Mónica Ramos Toro, que dinamizaba el conversatorio, estuvo de acuerdo: «Se nos ha vendido la idea de que toda la tecnología nos facilita la vida».

Y si aplicamos la tecnología al cuidado y a las vejeces, la crítica a la supuesta neutralidad de las herramientas y lo que Pérez Sedeña llamó «la falacia de la autonomía» cobra una renovada importancia. Las pensadoras reflexionaron en voz alta sobre cómo los cuerpos concretos se afectan por la innovación tecnológica que, interpretan, les deja fuera. Irene Lebrusán, doctora en Sociología, contaba una anécdota para invitar a la crítica: «Cuando acudes, por ejemplo, a ferias tecnológicas en las que se exponen las últimas innovaciones que supuestamente van a solucionarte la vida, te encuentras con la realidad: y es que las personas que han diseñado esa tecnología de cuidados no han cuidado nunca a nadie». Y cuando una herramienta concreta resulta excluir a algunas personas que no logran adaptarse a las formas y los ritmos propuestos por la misma -como las personas mayores, las personas con diferentes capacidades o las personas con recursos limitados o una alfabetización digital más básica-, las empresas e instituciones que apuestan por ese tipo de innovación tecnológica ponen el foco en la incapacidad individual. «Si una solución maravillosa no te soluciona nada, el problema no está en la persona que utiliza la herramienta, sino en el diseño de la misma», analizaba Lebrusán. Ya lo introducía también Virginia Carcedo, con algo de sorna, al inicio de la jornada: «¿Quién esta fuera de lugar, las personas o la tecnología?»

La jornada va tomando ritmo, las ideas van ganando profundidad a través del intercambio de pareceres, de informaciones, de opiniones, y la sala va regulando su temperatura. Y el debate conduce a las participantes a reparar en la cuestión de los derechos, del papel que tiene la legislación, incluso la judicatura, en la construcción de la sociedad digital. Las ponentes se preguntan qué derechos se ponen en juego cuando la vida cotidiana depende cada vez más de tecnologías digitales. ¿Qué tipo de vida se está construyendo cuando lo digital deja de ser una herramienta y empieza a convertirse en el entorno donde lo hacemos casi todo? Y, si las tecnologías digitales están transformando las formas de vivir, decidir, trabajar, cuidar, participar… ¿Qué papel deberían tener los derechos a la hora de imaginar otros modelos de vida posibles?

Lo que propone la tecnología es eficiencia, producción, optimización, progreso. El modelo de vida que nos está ofreciendo es de mercado», señalaba la socióloga Alba Taboada: «Hemos perdido completamente la soberanía. Tenemos unas tecnologías que no son nuestras y que están consumiendo nuestros recursos». Su compañera de mesa, la jurista y filósofa del Derecho María del Carmen Barranco, añadía que los derechos humanos se están «viendo sometidos a una aceleración acompasada con los valores de mercado», y que el criterio para la creación tecnológica «no es ni el bienestar ni los derechos, sino la producción». «Las tecnologías no son neutras. Nos están llevando a un escenario coherente con el neoliberalismo más salvaje y la perspectiva es individualista», insistía Barranco.

Enlace al vídeo de la sesión de la tarde del 3 de junio-Dislocaciones